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"Chicos" de NPH El Salvador |
A través de la generosidad de una red mundial de organizaciones de apoyo, los niños reciben alimento, ropa, albergue, atención médica y educación. "La educación", afirma el fundador Padre Guillermo B. Wasson, "sacará a mis hijos de la pobreza en la que nacieron".
Niños de todas las edades son acogidos por la amorosa familia de Nuestros Pequeños Hermanos. Algunos han sido abandonados, otros han perdido a uno o ambos padres y no tienen a nadie más que se encargue de ellos. Muchos llevan cicatrices físicas y emocionales que van sanando cuando empiezan a confiar en su nueva familia.
A través de los principios de amor, seguridad, compartir, trabajo y responsabilidad, los niños pueden desarrollarse adecuadamente. Un armónico balance de estos cinco principios ayuda a los niños a tener éxito y vivir en armonía.
Los niños y niñas son criados en un ambiente de amor, con la confianza de saber que nunca se les obligará a dejar la casa. Se les promete que nunca serán separados de sus hermanos o dados en adopción. Además de recibir una buena educación, sus necesidades espirituales y emocionales son nutridas, preparándolos para su vida adulta con herramientas para romper el ciclo de pobreza que alguna vez fue su destino.
Se anima a los niños a compartir su tiempo, talentos y pertenencias con otros, dentro y fuera de la familia de NPH. Cada niño tiene un trabajo diario que realizar, desde quitar el polvo y trapear, hasta cocinar y trabajar en la granja. Los mayores dan un año de servicio a la casa como encargados de dormitorio, auxiliares médicos, en oficinas y en otros papeles importantes. Como resultado, la familia necesita menos voluntarios y empleados pagados. Los niños se sienten orgullosos de contribuir a la supervivencia de la familia. Se ayudan mutuamente con sus estudios, trabajos y en sus relaciones con los demás.
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